13 nov. 2006

Los Sabores De Mi Vida

Me emocioné tanto leyendo esto en el blog de La Negra Bella que decidí hacer lo mismo yo:

Mi niñez tiene muchos sabores y lugares, sabe arepita frita con mantequilla y huevos revueltos solo con sal que cenaba en Bolívar con mi Mamá y que hasta el sol de hoy me encantan, al cafecito con leche que me tomaba y tomo con cada cena y que luego exóticamente aprendí a combinar con Corn Flakes, como lo hacía mi madre, sabroso los recuerdos de los heladitos que mi mama hacía para vender, y que un día unas vecinas le copian la fórmula para competir con mi madre, y luego mi madre, en un arranque de genialidad, mejora, colocándoles una bolita de chicle a cada heladito, los que vendía por un medio (medio real=Bs. 0,25) y de esa manera se quita la competencia de encima, junto a el lema de venta que era: "chupe primero mastique después". Sabe a las rosquitas dulces de harina pan que hacía mi abuela Prato y servía con sus maravillosos almuerzos en Los Teques, mis recuerdos saben a cepillados de Tamarindo o de Parchita que tomaba al salir del colegio en Maracaibo, y a melcocha que me comía en el recreo en Barinas. o cuando allá mismo me volvía indígena importado y vestido con solo pantaloncitos cortos, me montaba en una mata de mango y me daba una panzada, o de mamón cuando era temporada, o de jobo, o pomarrosa, o tamarindo, si cuando era un monito blanco encaramado en cuando árbol había en Barinas. A pato silvestre cazado en alguna hacienda de algún amigo de mi Papá que luego llevábamos a mi Mamá y que ella cocinaba sin probar, porque no le gustaba, y que sin embargo le quedaba maravilloso. También sabe a guanábana, y a merey, y cachapas con queso guayanés que comíamos cuando visitábamos la madrina de mi hermana en Bolívar. A Puerto la Cruz con las conservas de coco y las torrejas, que allá llaman Domplinas, que compraba a la orilla de playa Arapito, cuando pasaba mis vacaciones en Puerto La Cruz, de allá recuerdo la dieta de guayaba a la que éramos sometidos porque había una mata sumamente fértil que en esa época nos regalaba kilos y kilos de fruta, Papá aprendió a hacer dulces, mermeladas, delicada, jugos y de eso a diario comíamos, a mariscos y pescados que compraba mi padre en el puerto de guanta y luego preparaba muy rico. A la chicha de viento, espumosa con sabor dulce y a licor, que compraba a la salida del colegio en Los Teques. A los helados de Crema Paraíso que me invitaba mi Papá cada vez que íbamos a Caracas (pero sin maní porque la primera vez que lo comí con tope de maní los devolví todos subiendo la panamericana). Sabe mi vida a las Tunjitas (pan semidulce típico de Los Teques) que mi Tío abuelo Papapa nos traía todas las tardes cuando pasábamos una mala época en casa y devorábamos con mantequilla. Ya más grande mis sabores sn como el pasticho del IUT RC que preparaban lo viernes y que a mi me gustaba mucho, a los golfeados mirandinos que me recuerdan cosas de ayer y de anteayer, a mis sabores nuevos, al Fuji Roll de Bonsai, o Ebi Crunch especial de Kansai Sushi en el C.C. Las Américas (excelente), a los perros calientes a al salida de la Facultad de Ciencias de la UCV, a la chicha de arroz que ahora se toma en todos lados y que me gusta siempre que se vea limpio, al hígado de res hecho por una señora en un pueblo de los andes merideños, que obraron el milagro de hacer que a mi me empezará a gustar ese plato y los demás tipos de comida que no me gustaba comer. A hamburguesas de Wendy’s que como casi cada sábado donde me encuentro con los amigos de hace años en una ya hecha costumbre de reunirnos en ese día de la semana para no perder contacto.

Sabe mi vida a Navidad, cuando en casa con tradición, hacemos hallacas, donde mi madre, de toda la familia, fue la única en sacar el sazón de la abuela, siendo estas suegra y nuera; a galletas y pastel de manzana que me piden cada año que haga, al pernil que mi papá prepara y sabe a gloria diferente cada año porque siempre olvida la receta del año anterior y le sale bueno de todas formas, y a las Cosi Duce que preparan nuestros vecinos italianos, al Cocido Gallego que preparaba la familia de mi amigo Juan Carlos en esa época...

Mi vida esta llena de sabores y lugares y de proporcional cantidad de personas que saben igual de bien en el corazón, hoy me sabe a chocolate suizo hecho con cacao venezolano.

Sabe mi vida a duraznos, cuando con cada beso yo perdía toda la cordura, y a durazno me sabía todo…

Dios bendiga tantos buenos sabores en mi vida.